Anticiparse

Me enteré por la radio del auto que había aparecido el primer caso de coronavirus. Venia por Agraciada rumbo al centro y cuando me enfrenté al intercambiador del Palacio Legislativo elegí la opción que me acercara a Tres Cruces.

No esperé que nadie me lo dijera; asumí de entrada que debía alejarme del maldito. Y para ello podía tomarme un bus en la terminal o seguir conduciendo el auto hacia un lugar seguro. Sin analizar el tema debido a la urgencia, decidí lo último y me desvié del camino más corto, el de Arenal Grande y luego Muñoz. Me metí por otra calle ancha de tránsito fluido, que me llevó en pocos minutos a un lugar desconocido, muy lejos de todo.

Las recomendaciones sanitarias del gobierno vinieron después, pero ya me estaba adelantando al consejo principal de aislamiento.

Detuve el auto y abrí la cartera para consultar el Waze en el celular. Mientras revolvía entre llaves, billetera y documentos, sentía que alguien abría una de las puertas traseras. Intento usar el botón para trabar todo, sin éxito. Cuando miro nuevamente por sobre mi hombro, se me habían metido dos hombres jóvenes, dos niñas y una veterana gorda, todos en el asiento de atrás.

A pesar de la sorpresa, no puedo dejar de buscar mi celular, pero me encuentro con el aparato que usaba antes, un Samsung más chico en el que no tenía cargado el Waze. Pregunté a la familia de atrás dónde estábamos y me contestaron en forma imprecisa: en las afueras de Montevideo. Nadie me habló del punto cardinal, pero algo me decía que estábamos al este.

Seguían todos a la espera de que encontrara mi teléfono móvil actual. Finalmente aparece y comenzamos a andar. Se me cierran los ojos de sueño y soy consciente de haber doblado en una esquina sin reparar si venían autos por esa otra calle. A la media cuadra paré para refrescarme la cara y consultar el Waze.

Por lo visto mis acompañantes tenían por costumbre ocupar espacios ajenos, porque no quisieron esperarme, se bajaron allí mismo y se metieron en una casa grande de puertas abiertas, decididos a hacer un descanso. Mientras ellos se duchan y comen, me pongo a lavar las alfombras del auto, a pesar del escaso hilo de agua que salía por una canilla. El protocolo sanitario se me estaba activando ya en una segunda fase, la de desinfección.

Cuando termino, veo que la señora gorda conversa con otra sobre algo delirante y pienso cómo registrar esa charla para usarla en un cuento. Uno de los hombres me habla y le comento que hasta ahora no había sentido miedo por lo del virus. Él balbucea unos consejos desganados sobre la situación de emergencia, pero no le interesa conversar conmigo; solo necesita que los lleve a alguna parte.

Decidimos partir nuevamente. Escribo Tres Cruces en Waze y la familia se burla. No importa adónde me dirijo yo; ellos van a la Estación Central de AFE y así me lo hacen saber. Acepto llevarlos y asumo así el tercer punto de las situaciones de catástrofe: la solidaridad.

Enfilo hacia el refugio de los okupas, mientras atrás los hombres inventan un juego de palabras para entretener a las niñas.

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Una respuesta a Anticiparse

  1. Muy divertido e imaginativo!

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