Sobran recursos

Me formé como docente de educación secundaria y no soy nativa digital. Como estudiante fui bastante ordenada y tal vez hoy mismo pueda buscar y encontrar en pocos minutos algo que guardé en papel hace décadas.

Seguramente a pocos suceda lo mismo, pero eso carece de importancia.

En el post anterior traje a colación el tema de los recursos y ello no fue casual; estamos viviendo en Uruguay un momento especialmente estimulante por el alto nivel tecnológico alcanzado, que nos sitúa detrás de Chile en América Latina, con casi un 40 % de penetración de Internet.

Aumentó la conexión a Internet en los hogares y en las aulas (el Plan Ceibal nos otorga visibilidad casi tanto como el fútbol); bajan los precios y proliferan las facilidades para comprar equipamiento informático, mientras nos habituamos a ver en el barrio no solo a niños con sus ceibalitas, sino a obreros de la construcción que en su descanso del mediodía entran al cybercafé a revisar su correo. (Y no pienso dedicar espacio al tema redes sociales por la sobreabundancia de información y opinión al respecto).

Felizmente esos cambios están siendo acompañados por programas de inclusión digital ofrecidos por el Ministerio de Educación y Cultura en sus Centros MEC.

¿Tenemos entonces todos los problemas resueltos? De ninguna manera; recién estamos empezando a encararlos y esto es así en todos los ámbitos, desde el vecinal o barrial al universitario.

Pero por fuera de las estructuras educativas gubernamentales, hay todavía un espacio poblado por profesionales de diferentes áreas que muchas veces no son conscientes de su carencia de habilidades digitales. Sucede que aún no se implementaron instancias para evaluarlas casi a ningún nivel, más allá de la creencia generalizada de que el dominio de la computadora (tras breves cursos guiados por informáticos) conduce naturalmente a competencias más específicas.

De manera que al pensar los contenidos de este blog decidí partir precisamente de ese punto: el momento en que una persona ya «iniciada» —dejando de lado en qué área se desempeña— se propone usar su computadora para producir, recabar y guardar información.

¿Cuál es mi propósito? En primer lugar ver qué tienen ellos en común y luego aportar algunas ideas de cómo gestionar información en forma eficiente.

Insisto en lo que dije al principio: mi formación se dio en terrenos alejados de la informática al comienzo (docencia) y más cercanos después, pero siempre dentro de las ciencias sociales. Entonces, solo me voy a ocupar de un uso social de ciertas herramientas informáticas. ¿Me siguen?

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Gesto y gestión

Photographer: Ric Tang | Agency: Leo Burnett, Singapore | Creative Director: Steve Straw | Art director: Weeloi | Copywriter: Cheelip | Illustrator: Felix Wang |

Photographer: Ric Tang | Agency: Leo Burnett, Singapore | Creative Director: Steve Straw | Art director: Weeloi | Copywriter: Cheelip | Illustrator: Felix Wang |

Cada tanto recuerdo un episodio que me pasó hace quince años, una vez que fui a donar sangre. Si bien estaba habituada a hacerlo, justo atravesaba un período de fobia a las agujas. (Había sido testigo de miles de pinchazos inútiles en las venas de mi madre).

En esa oportunidad tuve que prepararme psicológicamente como donante, aunque con poco éxito por dos motivos: no pude aflojarme nunca mientras duró la espera y cuando por fin me llamaron para comenzar con las preguntas de rigor, solo tuve que responder a una. ¿Grupo sanguíneo? A positivo. ¡Ah, de ese tenemos mucha! Puede irse.

Algo similar me pasa cuando ofrezco buenas prácticas para la gestión de información personal. Nadie las necesita. Este es el tipo de respuesta que frecuentemente recibo:

Dejame así; yo tardo pero llego.
Compramos un software de gestión súper.
Tengo mi propia estructura de carpetas y allí va a parar todo.
Acá todos tomamos clases de informática.

Pero uno sin querer ve cómo se trabaja en algunos lugares. Efectivamente cuentan con todo el equipamiento, los programas más caros, asesores y el mejor soporte técnico. Recursos es lo que sobra. Sin embargo se ahogan en la información —antes todavía de adentrarse en el mar de Internet—, dudan, se agobian, pierden tiempo, transpiran.

Viendo a tanta gente en esa sala de espera, sin saber que tienen anemia pero pidiendo una transfusión a gritos, es que se me ocurrió abrir este blog. Como aquella vez, no sé si servirá lo que intento hacer aquí: ir mostrando quiénes pueden beneficiarse de la gestión de información personal, o mejor, qué profesionales pueden sacar mejor partido de ella.

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